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“Mejor dejen de lloriquear”

El pensamiento humano suele verse opacado por las grandes contradicciones observadas muchas veces en la expresión de sus opiniones. A menudo se puede apreciar esta torpeza al ser vertidas dichas opiniones con ligereza, procurando en apariencia mostrar un aspecto de cierta sabiduría o de realismo irónico, por demás resultando inútil e impracticable en cuanto a las transformaciones socioeconómicas que requieren nuestras sociedades.

Al leer un artículo que criticaba unas ciertas acciones inconstitucionales y lesivas para el estado de derecho, promovidas directamente desde el Poder Ejecutivo de una nación determinada, me tropecé con una de esas opinones contradictorias. El tal hacía uso de una muy conocida frase, a la que añadió su propia perspectiva sobre el asunto: “Mejor dejen de lloriquear, y pónganse a trabajar”. El análisis de esta frase podría tomarse su tiempo, pero examinémosla a la luz de las más sencillas consideraciones.

En primer lugar: la crítica y la opinión a menudo constituyen funciones básicas en la construcción del pensamiento humano, y en la búsqueda y transitar de su camino hacia el mejoramiento de la sociedad. Aquella persona asumía que las críticas y opiniones no eran más que “lloriqueos”, a su juicio, que resultaban del todo improductivos para los fines de una contribución positiva a la transformación social.

En segundo lugar: cometió el error de dar por hecho que el opinar o el hacer una crítica reflexiva constituye una pérdida de tiempo, y más aún, una “tarea para vagos”. La poca comprensión de aquel sujeto de lo que significa la crítica reflexiva en pos de la defensa de la institucionalidad, en el caso que ocupaba aquel artículo, indican a su vez, sin ánimos de acudir a argumentos ad hominem, su incapacidad intelectual para promover cambios reales en la sociedad.

En tercer lugar: su posición había traído su barco a las arenas de la playa de la esquizofrenia intelectual, al caer en el craso error de hacerse partícipe de lo mismo que criticaba. Para explicar, al decir: “mejor dejen de lloriquear y pónganse a trabajar”, inconscientemente estaba “lloriqueando”. ¡Y cuánto peor es “lloriquear” porque otros “lloriquean” sobre algo!

Así como la esquizofrenia intelectual no es un concepto nuevo ni igualmente concebido por los autores y demás personas que han tratado el mismo, la existencia de increíbles contradicciones en la opinión humana es exhorbitante en nuestros medios. El caso que acabamos de observar es apenas un ejemplo de los millones de casos de este tipo que pueden encontrarse en nuestro mundo.


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José A. Grullón

Estudiante de Administración de Empresas en la Universidad APEC.

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