¿Qué de aquel que se ve a sí mismo como un “poderoso potencial”? Difícil sería describirle. Vive su vida tratando de que sea lo más normal posible, pero sabe que no puede. Es diferente a los demás. Tiene ideales; correctos o no, no importa… sólo los tiene. No sólo tiene esos ideales, sino que lucha por ellos. Y no sólo lucha por ellos, sino que hace a otros partícipes de su causa, por la cual entrega su vida o parte de ella. Y así se convierten en líderes: Conductores de masas de un punto a otro, en un determinado espacio, en un cierto tiempo.
Pero antes de llegar allí, cuando todavía no es nadie, se dedica al estudio: La historia, las letras, los grandes… cualquier cosa, con tal de elevar su conocimiento a niveles inalcanzables por la gente promedio. Y a eso trata de sumarle carisma. Trata de ganarse la confianza y el amor de la gente. Llegará a determinado punto donde sus seguidores (quizás nunca identificados como tal mientras no haya aún llegado a alcanzar el poder) comienzan a hacerle considerar cierta posición de liderazgo… ahí se detendrá a pensar y razonar: “Falta poco, pero aún falta.” Sabe que debe seguir puliendo su imagen, de prepararse para obtener el poder, para no ser corrompido por el mismo.
Y cuando alcanza el poder se siente realizado. Después de todo, esta es una de las mayores ambiciones del ser humano: El poder. Estar encima de otros. Ser capaz de mirarles por encima del hombro y poder decir: “Ustedes quedan más abajo en la pirámide. Ustedes abundan, pero sólo unos pocos alcanzan a ser como yo”. Y parece que se propone buscar su propia adoración. Sí… por eso es peligroso el poder. Tiende a tornar a los hombres en megalómanos.
Otros dicen querer el poder para “servir a otros.” Puede que esta sea su intención inicial. Pero, ¿puede la pureza del servicio mantenerse ante algo tan peligroso como el poder? Pocos lo han logrado. Cristo lo logró. Leonel Fernández no.
Muchos prefieren otorgar, por tanto, el poder a personas probadas, de principios, de valores. Personas responsables. Pero muchos otros… a muchos otros les asusta el poder. Quizás porque nunca lo han tenido, quizás por haberlo experimentado en su contra. Quizás por desearlo codiciosamente en sus corazones. Pero el poder es más complicado que eso.»



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