
Inicia un nuevo año. Con él se entretejen nuevos propósitos. Lo pasado queda atrás mientras el calendario da vuelta y comienza desde cero. Ventanas se cierran y otras se abren. Lo propio hacen las puertas, permitiendo a cada uno de nosotros el abrirnos a nuevas posibilidades.
Muchas veces el permanecer anclados en la verdad pesimista que observamos a diario nos hace perder la perspectiva. Nos ata a negativismos innecesarios que, si bien realistas, no dejan de ser hasta cierto punto perjudiciales para nosotros. El exceso de optimismo, por otro lado, suele hacernos utópicos. Hombres y mujeres que nos acurrucamos en los brazos de los sueños y los ideales inalcanzables. Esto, aunque positivo y refrescante, no deja de perjudicarnos en el aspecto del aquí y ahora.
Necesitamos una visión balanceada: mantener en nuestras mentes ideales claros, benignos, que beneficien tanto a otros como a nosotros mismos. Que ellos se mantengan al frente de nosotros. Que los persigamos activamente. Que ellos maticen nuestra labor en cada día que pase. No sean esos ideales simples sueños, sino combustible para movernos hacia algo mejor.
A todo aquel que lea estas palabras, le dese un feliz y próspero año 2008. Considérenlas, y vivan.



Comentarios recientes