El alimento del poder
El liderazgo y el poder son temas cargados de un atractivo misticismo, razón por la que muchos individuos se dedican al estudio de los mismos. Una de las frases relacionadas al poder es: “El que de poder se alimenta, hambriento despierta”. Se trata de una frase digna de profunda disquisición al respecto.
La historia universal ha revelado al conocimiento público los ejemplos de muchos hombres que, habiendo probado las mieles del poder, terminaron embriagándose del mismo. Hombres que asumieron posiciones de autoridad se aprovecharon del poder para servirse a sí mismos.
El asunto trascendental en este sentido no es la “embriaguez” del poder, sino que este provoca una sed insaciable en el individuo, fruto de la interacción con el egoísmo y el orgullo de dicha persona. De esta manera, quien sueña con el poder y lo alcanza tiende a buscar más poder, ya sea por medios lícitos o no, emprendiendo así una carrera que carece de final.
El sabio Salomón llegó a decir: “Todo es vanidad y correr tras el viento” (Eclesiastés 1:14, LBLA). Correr tras el poder es un ejemplo de ello. Tenerlo no sacia, y para quien por él se desvive, no tenerlo mortifica. El poder, pues, se alimenta de sí mismo, por lo que alimentarse de poder no saciará sino que traerá más hambre del mismo. ¡Ay de aquel que se alimenta del poder!




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