Ayer me detuve en el lugar que se aprecia en la fotografía. Se trata de una zona del Parque Mirador Sur, cercana al conocido “spot de los skateboarders”. Me senté en una banca por allí, dejando que mi mirada se perdiera en ese azul del Mar Caribe. Pasé cerca de una hora allí sentado, disfrutando del bello paisaje y de una fresca brisa que me hacía rememorar muy buenos tiempos de años atrás. En ese lapso pensaba: ¿cuántas veces no dejamos pasar cosas, lugares y momentos que nos motiven a hacer que nuestros días brillen? ¿Cuántas veces nos desesperamos sin necesidad por las muchas tensiones diarias, y no dedicamos tiempo para pausar y contemplar la “insignificante” belleza que nos rodea?
Ignorar lo bello, lo alegre, lo pacífico, es uno de los más frecuentes errores cometidos por el ser humano. Nos perdemos de tanto al preferir saturarnos con angustias antes que experimentar tiempos de quietud y reflexión que hacen bien a nuestro ser
No se trata de una experiencia mística ni de un éxtasis espiritual. No se trata de ser extraño. Se trata de entender que la vida es mucho más que nosotros mismos, y que el apartar la mirada de nosotros es muchas veces el mejor remedio que podemos tener para vivir en paz y felicidad auténticas.



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