Ayer no tuve la oportunidad de decir nada al respecto de la renuncia del comandante Fidel Castro a la presidencia de Cuba, así como al título de Comandante en Jefe. Sin embargo, no puedo dejar pasar la oportunidad en este momento para por lo menos dedicar unas palabras respecto a este tema.
Por casi cinco décadas, Fidel Castro gobernó la República de Cuba tras el triunfo de la revolución que depuso al dictador Fulgencio Batista. Instaurando una serie de programas sociales que contribuyeron al desarrollo básico de la nación cubana, Castro supo luchar contra las presiones avasallantes del imperialismo estadounidense, siendo un ejemplo de lucha y resistencia ante los abusos cometidos por la nación norteamericana.
Sus críticos se jactan en rechazar la dictadura que instauró, y sin embargo, se niegan a reconocer sus triunfos. Estos le enmarcan dentro del selecto grupo de grandes hombres que han ejercido su autoridad de una manera asombrosa, erradicando el analfabetismo en todo el territorio nacional, logrando un sistema de salud preventiva envidiable, cuyos alcances no se quedan a nivel de Cuba, sino que se extienden a través de misiones humanitarias hacia todo país que lo necesite.
La construcción de viviendas económicas, la directa involucración del lider cubano con las actividades revolucionarias, su propio sacrificio y otras muchas cosas, le hacen merecedor de un puesto de honor en la historia universal, independientemente de lo que haya hecho en forma errónea.
Cabría destacar que, cuanto menos, para vivir la caricatura de “democracia” que se vive en la República Dominicana, donde en pleno siglo XXI, una nación sin embargo económico impuesto por el imperialismo estadounidense (siendo esta situación adversa una con la que Cuba ha tenido que luchar casi desde el triunfo de la revolución) , hay tanta gente desamparada, tanto abandono, tanto olvido, tanto analfabetismo, tanta falta de salud y educación, tanto desorden institucional, tanto irrespeto a las leyes, tanta violación a la Constitución, y un larguísimo etcétera.
Por lo demás, bajo la revolución del comandante Fidel Castro, Cuba ha logrado uno de los más altos índices de desarrollo humano, combinado con una adecuada sostenibilidad ambiental, como lo afirman informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Más aún: el riesgo de desnutrición está por debajo del 2%, aún con las precariedades del sistema a raíz del embargo que mantienen los EE.UU. sobre Cuba.
Se critica, sin embargo, la falta de libertades, los encarcelamientos políticos, y una serie de situaciones que, a pesar de todo, pueden asociarse directamente a la necesidad de supervivencia del régimen ante una media que promueve el egoísmo, el individualismo y el libertinaje.
Se dice ciertamente que hay personas que, al observar situaciones en donde se presentan extremas desigualdades, toman el camino radicalmente opuesto a estas. Es precisamente el caso del comandante Fidel Castro en Cuba, tras haber pasado por la sociedad fulgencista en donde las precariedades sociales abundaban de manera alarmante.
La renuncia del comandante Castro no significa que Cuba cambiará inmediatamente. Él seguirá trazando lineamientos y ofreciendo, por así decirlo, su “asistencia técnica” al proceso revolucionario. Lo cierto es que se irán gestando cambios, pero todo a su tiempo. Habrá que ver hasta qué punto llegará todo, y si finalmente se llegará a una nueva era para la República de Cuba… aún cuando, como hasta ahora, el imperio de los Estados Unidos de América no haga más que ahogar al pueblo cubano a través del bloqueo económico.



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