Es nuevamente 27 de febrero, y se hace necesario rememorar aquellos eventos que, un día como hoy aunque hacia 1844, concibieron a la República Dominicana. Como consecuencia de los ideales y grandes aspiraciones de un Juan Pablo Duarte que lo entregó todo por la causa justa de la patria, la República Dominicana vio materializado su anhelado sueño de independencia y separación del gobierno haitiano. Las glorias de la República Dominicana se sucedieron batalla tras batalla, reafirmando la independencia de la nación que se había formado.
A pesar de todo, la independencia del país caribeño se ha violentado en un sinnúmero de ocasiones. No sólo se citan los casos de la anexión a España en 1861, o las bárbaras ocupaciones militares del imperio estadounidense en 1916 y 1965; también se cuentan como violaciones a nuestra independencia todo acto de injerencia externa que pretenda obligar al país, de alguna manera, violentando salvajemente su soberanía, su poder de decisión y su libertad. Esta situación se evidencia cuando los gobernantes de turno se inclinan serviles ante los intereses de las demás potencias, sin ningún sentido patriótico y poder de decisión para decidir en base al bienestar de cada ciudadano dominicano.
Hoy, en pleno 2008, es necesario hacer resurgir esos valores patrióticos que se ensalzaron con las luchas de Gregorio Luperón, Gregorio Urbano Gilbert y aún del Coronel Francisco Caamaño. Es necesario volver a nuestras raíces patrióticas, no utilizando una actitud patriotera inútil e inservible, ni nacionalismos irracionales que desdeñen el derecho ajeno, sino más bien como una forma eficaz de hacer valer nuestros derechos como nación, a la vez que somos reformados desde adentro en procura de que la República Dominicana deje de ser la caricatura de democracia que supone ser en la actual coyuntura.
Es necesario volver a los ideales que sostuvo Juan Pablo Duarte. Se necesita institucionalizar al país. Es menester priorizar las necesidades básicas de la población, traducidas en esencia en salud, educación y programas sociales que beneficien al país sin destruir la economía nacional.
De nada servirá que contemos 164 años desde que se proclamó la Independencia Nacional, si no luchamos fervientemente por alcanzar aquellas palabras de Duarte: “Nada me será más lisonjero que saber corresponder a la [Primera Magistratura del Estado], llenando el hueco de vuestras esperanzas, no por la gloria que de ellos me resultaría, sino por la satisfacción de veros, cual lo deseo, libres, felices, independientes y tranquilos, y en perfecta unión y armonía llenar vuestros destinos, cumpliendo religiosamente los deberes que habéis contraído para con DIOS, para con la PATRIA, para con la LIBERTAD y para con vosotros mismos.”
¡Que viva la República Dominicana!



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