La poca inversión e incentivo estatal en educación y la pobre formación del personal docente constituyen causas de la deficiencia del sistema educativo dominicano. Existe otra causa, que es la mala remuneración de los maestros. Mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) refleja un buen nivel, la existencia de altos impuestos que agobian a la población, el alto costo de la canasta familiar, el alto costo de los productos y servicios, las deficiencias del sector eléctrico y muchos otros factores influyen en que el salario real que devengan los maestros sea un salario de miseria. Éste viene siendo tan bajo que le quita todo incentivo al maestro, ya que no escapa de esta situación tan precaria y opresora.
En una sociedad de consumo, el dinero es un factor más que importante: imprescindible. Conociendo, por otra parte, la gran importancia de la labor de los educadores, ¿no deberían ellos ser bien remunerados para poder adaptarse mejor a la sociedad de consumo? Son ellos quienes forman a los profesionales del mañana. ¿No han de ser bien pagados para incentivarlos en su labor? Pero no hay voluntad para cambiar la situación.
En la semana del 25 de junio del 2007, una comisión del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) afirmó que llevaría ante la Internacional Socialista la corruptela administrativa del gobierno del PLD, y la desigualdad provocada por funcionarios cuyos sueldos son mucho mayores que los de la media mundial. Ningún gobierno dominicano, no obstante, ha escapado a este flagelo.
Mientras dichos funcionarios públicos ganan cantidades enormes de dinero, los maestros ganan un salario de miseria, como si se despreciara la labor de los tales en la sociedad. En el ámbito público, el gobierno tiene la culpa por permitir que los maestros ganen tan poco; ¿pero qué de los que enseñan en colegios y universidades privadas? También ellos necesitan remunerar adecuadamente a quienes imparten el pan de la enseñanza.
Examinándolo desde otra óptica, se diría que le conviene al gobierno dedicar tan baja inversión al sector educativo. Ello le permite continuar con la oclocracia que ha implantado, formando un gobierno que con toda malicia y astucia engaña a los ignorantes, mientras que arremeten violentamente contra quienes cuestionan sus prácticas carentes de ética. Así ha logrado que todo un pueblo, en base al uso de inversiones multimillonarias en publicidad, sea engañado a creer que anda por el buen camino.
Aquellos que no han sido preparados, educados, para ejercer una conciencia crítica y racional se dejan engañar fácilmente por estas cosas. Se crea, pues, una situación de fanatismo político; el número de votantes independientes, conscientes se reduce. Esto le beneficia al gobierno para poder perpetuarse en el poder. Ahora: ¿beneficia esto al país? ¿Sigue esto los más altos ideales de Juan Pablo Duarte, Juan Bosch o José Francisco Peña Gómez? Habrá que hacerse esta pregunta.



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