La inmoralidad del líder y sus seguidores
Casi diría que me causa gracia, aunque en realidad lo que me causa es repulsión y rechazo las acciones del presidente Leonel Fernández Reyna. El caballero en cuestión afirmó que es “inconstitucional” y que la Junta Central Electoral (JCE) se excedió en sus funciones al ordenar el cese del pago de las nominillas CB (método con el cual el gobierno presidido por Fernández ha extraido de los fondos del Estado más de RD$20,000,000,000, para pagarle a los “compañeritos de su partido”, aún cuando estos no ocupen ninguna posición en el gobierno).
Yo me pregunto: ¿qué moral tiene el presidente Fernández para hablar de inconstitucionalidad? No hace falta ser licenciado o doctor en Derecho para saber que han sido más de uno los artículos de la Constitución violados en el presente gobierno. Entre ellos, el artículo 8 inciso b, el primer párrafo del artículo 13, el artículo 37 numeral 18, el artículo 54, el artículo 55 numerales 10 y 22, el artículo 100, el artículo 102, y quién sabe cuántos más.
Ahora: porque el presidente Fernández sea un inmoral, no quiere decir que no tiene derecho a hacer denuncias. Sin embargo, quien tiene que arrodillarse y pedir perdón al pueblo es él, y no la JCE. Quien debería dimitir y renunciar a su candidatura presidencial es él, y no otro. Una cosa es que él carezca de moral, y otra distinta es que lo que diga también sea inmoral. Si ambas situaciones se funden en una, bajo la mentalidad incognoscible de un hombre cuyos caminos resultan contradictorios e hipócritas, cabría hacerse la pregunta: ¿vale la pena escuchar a un escarnecedor, mentiroso, violador y defensor de la violación de las leyes y la Constitución, y que por demás defiende a sus “compañeritos de partido” aún cuando esto signifique abusar del pueblo dominicano?
Sus seguidores, no obstante, son ciegos. No les importa que su líder carezca de moral, de ética o de raciocinio. No les importa que trate a la más importante fuente del Derecho dominicano como si fuese estiércol. A ellos sólo les interesa el seguir a la megalómana personalidad que ostenta la presidencia de la República, con tan aberrante adulación que se les ha calificado de “lambones”, “tumba-polvo”, “limpia-sacos”, “chupa-medias” y “lame-sobacos”. Como reza el dicho: de tal palo, tal astilla. Y de un líder inmoral, es muy difícil esperar que sus seguidores sean morales o hagan caso alguno a los buenos valores y principios.




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