Ha llegado el 27 de febrero, y otra vez corruptos y no corruptos comenzarán a descargar su verborrea para que otros les alaben, supuestamente reconociendo la grandeza de lo que se hizo ese 27 de febrero de 1844 con la proclamación de la Independencia Nacional.
Me tomo el tiempo de revisar la entrada que hice para un día como hoy el año pasado. Y sigo pensando lo mismo, sólo que ahora veo que el trabajo es mucho más grande de lo que pensaba; que la labor es más ardua de lo que imaginaba; aunque la recompensa, de lograrlo, no tendrá comparación alguna.
Desde ese 27 de febrero del 2008 hacia acá, han ocurrido una serie de hechos desde la Administración Pública que evidencian la más grande embestida de corruptela y traición a la patria que ha experimentado la República Dominicana en años. Son auténticos atentados contra la Independencia Nacional. Por ello queda en duda para muchos: ¿Realmente somos independientes? ¿O es la Independencia Nacional un mito, un sueño o un ideal?
Los patriotas que se dieron por entero a la forja de una República Dominicana con identidad propia, sufrieron lo inimaginable. Hoy, irónicamente, también lo sufrimos los que luchamos contra la corrupción, tanto en la sociedad como en el Estado en general, siendo incomprensible que, en vez de ser enfrentados por una potencia extranjera, somos enfrentados por el mismo Estado y por la sociedad que ven lo ilegítimo como su norte, la corrupción como su bandera y la patria como su excremento.
Da pena y da vergüenza que, con tanto sacrificio que ha implicado llegar hasta el 2009, hoy no podamos decir verdaderamente que somos independientes. Quizás no somos directamente dominados por una potencia extranjera, pero sin lugar a dudas lo somos por la potencia interna que representan los tres poderes del Estado, corrompidos hasta los tuétanos, que tuercen el derecho y castigan a la justicia.
Repito lo que escribí para el 27 de febrero del 2008:
Es necesario volver a nuestras raíces patrióticas, no utilizando una actitud patriotera inútil e inservible, ni nacionalismos irracionales que desdeñen el derecho ajeno, sino más bien como una forma eficaz de hacer valer nuestros derechos como nación, a la vez que somos reformados desde adentro en procura de que la República Dominicana deje de ser la caricatura de democracia que supone ser en la actual coyuntura.
Se reconoce, sin embargo, el sacrificio que han hecho aquellos que, luchando por el bienestar de la patria, han dado lo mejor de sí de una forma desinteresada y heroica. Desde aquí lo hago humildemente, no sólo en palabra, sino también en acción. Ojalá sea esta la generación que se levante para reformar a nuestra República Dominicana… y que entonces verdaderamente podamos decir que hemos logrado la Independencia Nacional.
Ningún pueblo ser libre merece
si es esclavo indolente y servil,
si en su pecho la llama no crece
que templó el heroísmo viril.
Más Quisqueya, la indómita y brava,
siempre altiva la frente alzará,
que si fuere mil veces esclava,
otras tantas ser libre sabrá.
Sepan los corruptos y traidores a la patria, dentro y fuera de la Administración Pública, que seguiremos luchando. No seremos indolentes, indiferentes o serviles: merecemos ser libres, y por más que intenten esclavizarnos y drogarnos con la idea de que el país nunca cambiará, alzaremos nuestra frente y lucharemos por nuestra libertad.
¡Que viva la República Dominicana!










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