Me dije: ¿Dependo de las apariencias? Yo creo que no. A veces es tan fácil ocultarse tras el dominio frío de las palabras, del intransigente vocabulario y la imperdonable máscara de la “imagen personal”. ¿Cuántas veces esto nos impide ser nosotros mismos? Nos ocultamos detrás de los aires de supuesta maestría y sobriedad. ¿O no puede ser extrovertido también el que posee el conocimiento? Hoy me da risa hasta lo que decía Platón, según recogió Antoni Gutiérrez-Rubí en el artículo “Los tristes no ganan elecciones (ni lideran, ni seducen, ni convencen)“:
[Platón] consideraba la risa un placer y la reconocía como un remedio medicinal pero, a la vez, afirmaba que era peligrosa porque era de locos, bufones, viles o esclavos. En general, consideraba las manifestaciones jocosas como armas subversivas, extremadamente peligrosas para el poder. En sus obras Filebo o La República escribió: “No será admitida, por tanto, ninguna obra en que aparezcan personas de calidad dominadas por la risa, y menos todavía si son dioses”. Veía la risa desatada – la carcajada- como algo inconveniente, obsceno, perturbador. Capaz de dominar, como el demonio, la mente y el cuerpo humanos.
Loco, bufón, vil o esclavo, no perderé el derecho a la risa, a la carcajada, con tal de dar una imagen de supuesta “sobriedad“. No señor, porque el ser humano debe reflejar quien es, y debe saber hacer uso de la totalidad de su personalidad. Así que, no, no dependo de apariencias. Y por tanto, hijos míos, ¡a ser libres! ¡A no ser esclavos de las apariencias! ¡Y a reír!

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Referencias:
http://www.gutierrez-rubi.es/2009/05/13/los-tristes-no-ganan-elecciones-ni-lideran-ni-seducen-ni-convencen/
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