“Los que hoy dicen estar ‘jartos’ se hartarán de haberse hartado sin lograr un cambio en la sociedad.”
Un sueño, una utopía, un ideal. Estas son cosas que pueden parecer inalcanzables, y lo cierto es que no existe ni ha existido una sociedad perfecta, debido a la naturaleza propia del género humano que, siendo precisamente quien conforma la sociedad, verá cómo su entorno es afectado en la medida en que actúa de una manera adecuada o no. Mucha gente se pregunta: ¿vale la pena soñar? Y otros responden con otra incógnita: ¿Por qué no?
Tener un sueño sin actuar para alcanzarlo es una cosa. Las palabras vienen y van, y uno puede dedicarse a escribir o a hablar acerca de algo sin trazar un camino para el alcance de ese sueño. ¿Quiere decir que las palabras resultan inútiles? No necesariamente. De hecho, no olvido lo que dijo una vez Cayo Salustio Crispo: “Es hermoso servir a la patria con hechos, y no es absurdo servirla con palabras.”
Las palabras tienen un impacto en mayor o menor grado, sobre todo cuando se utilizan adecuadamente y en contextos apropiados. Pero las palabras deben estar acompañadas de acciones consecuentes, puesto que son estas acciones las que refuerzan y dan fe de la confianza que tiene una persona sobre las palabras que ha hablado.
La cita con que inicié este escrito la leí, quizás dos semanas atrás. Es interesante lo que plantea, aunque amerita que se aclaren ciertas cosas. Esto lo digo porque debería aclarar cuál es el cambio al que se refiere. Lo que hemos visto en la República Dominicana es el auge y despertar de movimientos, agrupaciones e individuos que han decidido dar un paso para enfrentar lo que entienden que son atropellos contra el estado de Derecho.
Esto es un cambio en la sociedad, de por sí, si la contrastamos con el profundo letargo en la que estuvo sumida por mucho tiempo, en donde los únicos que protestaban eran los médicos, los “barrios calientes”, los maestros (si acaso) y los transportistas. Hoy quien protesta es la ciudadanía, y no lo hace lanzando botellas, quemando gomas o con una manifiesta actitud agresiva. Sin embargo, la altanería de personajes como el Dr. Fernández quien les califica como “grupúsculos” deja mucho que decir.
Podemos hartarnos de hablar y de hablar, como entiendo podría ser el significado pretendido del autor de la cita inicial, pero no podemos hartarnos de hablar y actuar en consecuencia, dentro de las posibilidades de cada cual, con esfuerzos dirigidos a mejorar nuestra nación, la cual requiere de cambios profundos que deben iniciar en el individuo mismo y en los hogares.
Aunque ciertas personas se han negado a aceptar esto, la realidad es que el germen de la corrupción, de la maldad, está dentro de cada ser humano. Estamos hechos del mismo material que los corruptos que tanto criticamos, de los altaneros y desvergonzados que tanto nos hierven la sangre. Y por ello nuestros esfuerzos no deben estar dirigidos únicamente a criticar hacia afuera, sino a mejorar desde lo interno.
¿Quieres cambiar la sociedad? Gandhi decía: “Sé el cambio que quieras ver en el mundo”. Inicia el cambio contigo mismo, pero no pares ahí: actúa, sea por medio de las palabras, sea por medio de las acciones directas, o mejor aún, con una combinación de ambas. Cuando logremos impactar y veamos cambios, nos daremos cuenta de que valió la pena haberse hartado del status quo. Y por el contrario, mientras las autoridades permanezcan sordas a los reclamos de la ciudadanía, y por más que se actúe o se hable no se logre ningún cambio significativo, entonces terminaremos hartándonos de estar hartos, o “jartos”, o cansados, o como quieran llamarle. De hacerlo sólo aplicaríamos un sedante para nuestras conciencias… la falta del compromiso patrio y de la entrega desprendida nos hará ver cuánto perdimos por no insistir lo suficiente.
¿Cuántos dominicanos se van del país porque no ven mejorar las condiciones de la nación?
¿Cuántos dominicanos se quedan en el país porque “no hay más nada”?
¿Cuántos dominicanos se quedan en el país porque van a luchar por cambiar las condiciones de la República Dominicana?
Tú decides.



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