Por José A. Grullón

Según las últimas declaraciones del Jefe de la Policía Nacional, mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, en torno al caso del secuestro o “secuestro” de Baldera Gómez, los secuestradores buscaban recursos para “la revolución”, tratándose supuestamente entonces de grupos de izquierda que pretenden de alguna manera alzarse con el poder a través de un posible golpe de Estado.
La amenaza de un evento de esta naturaleza, es decir, un golpe de Estado, no es nueva. Recordemos que el mismo Claudio Caamaño Grullón denunció tiempo atrás esta posibilidad, pero en aquella vez proviniendo de parte de unos grupos dentro de las Fuerzas Armadas, así como de elementos civiles. Su denuncia fue desestimada y considerada una exageración.
No es para menos que un gobierno que no ha sido capaz de dar pie con bola a los problemas más fundamentales de la nación dominicana tenga que verse enfrentado a esta clase de suposiciones. ¿Será que existe ya dentro del mismo sistema gubernamental una paranoia ante lo que está observando en la sociedad? ¿Será que el rechazo que están observando en la población se ha traducido en suposiciones paranoicas en torno a que peligra la “estabilidad democrática” de la nación?
Esto no quiere decir que la posibilidad de un golpe de Estado sea una realidad, ni pudiésemos estimar en qué porcentaje esta posibilidad sería real. La Encuesta de Opinión Pública de América Latina para el 2006 reflejó que el 78.7% de los dominicanos creían que la democracia era la mejor forma de gobierno existente. Según resultados Barómetro de Las Américas 2008, que auspicia la USAID, el 74.9% de los dominicanos apoyan la democracia.
No obstante, esto tampoco quiere decir que no exista una posibilidad de un golpe de Estado. Ahora bien, no apoyamos un golpe de Estado por la fuerza de las armas, pero sí entendemos que la soberanía recae sobre el pueblo, como está consagrado en la Constitución vigente y en la venidera. Lamentablemente no quedó plasmada en la nueva Constitución la figura del Referéndum Revocatorio. Ese sí sería un “golpe” adecuado, en donde las paupérrimas ejecutorias de un gobierno como el presente, violador de las libertades y los derechos, son castigadas fuertemente con el rechazo de la población, conminándoles a abandonar el poder que tanto embriaga de sus peligrosos alcoholes a los que a él se aferran.
Independientemente de las paranoias que sufran los principales actores del actual gobierno, nuestro “golpe de Estado” no es uno a base de intercambios de disparos, abusos de poder e infinitas mentiras. Nuestro “golpe de Estado” no es uno que proviene de la izquierda en detrimento de la derecha. Nuestro “golpe de Estado” es uno que procura el bienestar integral de nuestro país. Aquí no necesitamos más historias fantásticas, explicaciones sin sentido y demás cuentos y fábulas reambulantes. Nuestro “golpe de Estado” no es para destruir y crear historias y secuestros; es para construir fundamentados en lo ideal, afianzados en el cambio continuo para el verdadero progreso, y en el énfasis social que requiere el gobierno dominicano, o más bien, el Estado en su conjunto, a fin de preservar verdaderamente, si así se quiere, la estabilidad democrática.
Según las últimas declaraciones del Jefe de la Policía Nacional, mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, en torno al caso del secuestro o “secuestro” de Baldera Gómez, los secuestradores buscaban recursos para “la revolución”, tratándose supuestamente entonces de grupos de izquierda que pretenden de alguna manera alzarse con el poder a través de un posible golpe de Estado.
La amenaza de un evento de esta naturaleza, es decir, un golpe de Estado, no es nueva. Recordemos que el mismo Claudio Caamaño Grullón denunció tiempo atrás esta posibilidad, pero en aquella vez proviniendo de parte de unos grupos dentro de las Fuerzas Armadas, así como de elementos civiles. Su denuncia fue desestimada y considerada una exageración.
No es para menos que un gobierno que no ha sido capaz de dar pie con bola a los problemas más fundamentales de la nación dominicana tenga que verse enfrentado a esta clase de suposiciones. ¿Será que existe ya dentro del mismo sistema gubernamental una paranoia ante lo que está observando en la sociedad? ¿Será que el rechazo que están observando en la población se ha traducido en suposiciones paranoicas en torno a que peligra la “estabilidad democrática” de la nación?
Esto no quiere decir que la posibilidad de un golpe de Estado sea una realidad, ni pudiésemos estimar en qué porcentaje esta posibilidad sería real. Las encuestas Gallup-Hoy de los últimos años reflejan que, a pesar de todo, los dominicanos siguen apoyando la democracia. La Encuesta de Opinión Pública de América Latina para el 2006 reflejó que el 78.7% de los dominicanos creían que la democracia era la mejor forma de gobierno existente. Según resultados Barómetro de Las Américas 2008, que auspicia la USAID, el 74.9% de los dominicanos apoyan la democracia.
No obstante, esto tampoco quiere decir que no exista una posibilidad de un golpe de Estado. Ahora bien, no apoyamos un golpe de Estado por la fuerza de las armas, pero sí entendemos que la soberanía recae sobre el pueblo, como está consagrado en la Constitución vigente y en la venidera. Lamentablemente no quedó plasmada en la nueva Constitución la figura del Referéndum Revocatorio. Ese sí sería un “golpe” adecuado, en donde las paupérrimas ejecutorias de un gobierno como el presente, violador de las libertades y los derechos, son castigadas fuertemente con el rechazo de la población, conminándoles a abandonar el poder que tanto embriaga de sus peligrosos alcoholes a los que a él se aferran.
Independientemente de las paranoias que sufran los principales actores del actual gobierno, nuestro “golpe de Estado” no es uno a base de intercambios de disparos, abusos de poder e infinitas mentiras. Nuestro “golpe de Estado” no es uno que proviene de la izquierda en detrimento de la derecha. Nuestro “golpe de Estado” es uno que procura el bienestar integral de nuestro país. Aquí no necesitamos más historias fantásticas, explicaciones sin sentido y demás cuentos y fábulas reambulantes. Nuestro “golpe de Estado” no es para destruir y crear historias y secuestros; es para construir fundamentados en lo ideal, afianzados en el cambio continuo para el verdadero progreso, y en el énfasis social que requiere el gobierno dominicano, o más bien, el Estado en su conjunto, a fin de preservar verdaderamente, si así se quiere, la estabilidad democrática.



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