El año pasado por resolución de la Secretaría de Interior y Policía se prohibía el porte de pistolas y revólveres en el mes de diciembre. Don Freddy Beras Goico, lleno de indignación (y con justa razón) se expresó con vehemencia en contra de esta disposición, debido a la grave situación que vive la República Dominicana con la delincuencia: “¡ÁRMENSE!“
La Policía Nacional no ha podido contra el flagelo de la delincuencia por varias razones: Es un problema social (involucra la educación); es un problema económico (involucra la situación laboral/económica de una persona); es un problema moral (el que se acostumbra a hacer lo malo lo sigue haciendo); y porque las instituciones del orden están plagadas de corrupción. Ya ni siquiera en los que deben imponer el orden podemos confiar. Le han fallado al pueblo. Le han fallado al país. Le han fallado a la patria.
Hoy la situación no es en nada diferente. La nación, desde la punta de Montecristi hasta el extremo oriental de la nación, está abarrotado con la delincuencia, aunado al narcotráfico. Me parece ilógico que hablemos de que la cementera, que la Constitución, que esto, que lo otro, cuando personas están muriendo a mano de los delincuentes, cuando personas que se han fajado a trabajar para tener lo que tienen son víctimas de atracos y asaltos, cuando personas quedan traumadas por ser objeto de las garras y las fauces salvajes de los delincuentes.
No, señores: ¡También hay que estar JARTOS de la delincuencia! Don Freddy se echó para atrás, quizás por presiones, quizás por reflexión, pero seamos sinceros: ¿Quién nos va a librar de la delincuencia? ¿El Estado? ¡No, señores! El Estado nos ha fallado una y mil veces. Este gobierno es ilegítimo desde el principio, como quedó demostrado con lo que ya conocemos, y si el mismo gobierno no puede gobernarse, ¿quién nos va a gobernar?
Más de cinco atracos en una semana (y esos fueron sólo de los que me enteré), justo detrás de la Secretaría de las Fuerzas Armadas, hasta con disparos y todo, y uno no ve ni un solo agente del “orden” haciendo acto de presencia; ni un militar asomándose, NADA. Estamos por nuestra propia cuenta: aquí no hay más seguridad que la que podemos darnos nosotros mismos.
Estamos viviendo en una verdadera orgía caligulesca, o como en los tiempos de los jueces según nos dice la Biblia, donde cada uno hacía lo que bien le parecía. ¿Qué les harán a los delincuentes? ¿Trancarlos para que después los dejen libre como a Sobeida? ¡No, señores! ¡Hay que luchar para que ese relajo se acabe! Aquí hay que transformar la justicia y el sistema penitenciario nacional. Aquí hay que educar a la población. Aquí hay que ser duros con la delincuencia, empezando por los delincuentes que están en el gobierno.
¡Que el pueblo no se quede de brazos cruzados! ¡Hay que exigir! ¡Basta ya de tantos atropellos! Si usted deja las cosas como están, ¡vaya a ver el país que le va a dejar a sus hijos! ¡Reclame! ¡Haga patria! ¡Luche por la seguridad ciudadana! El Estado va a tener que ganarse nuestra confianza dándonos la seguridad que está obligado a darnos, y si no, pueblo, ¡ármate! ¡No dejemos que nos acaben los delincuentes! ¡Vamos a enseñarles a dar el todo por el todo!









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